sábado, 21 de marzo de 2009

HISTORIA JAIME DUQUE

El Parque Jaime Duque es un espacio dedicado a la recreación familiar. Está ubicado en el municipio de Tocancipá, en el departamento de Cundinamarca, en Colombia. Es una de las atracciones más famosas en los alrededores de Bogotá. Está localizado a 30 minutos, saliendo por la autopista norte hasta el kilómetro 34 en la vía que comunica a la capital con Tocancipá, en Cundinamarca. Cuenta con juegos mecánicos, zoológico, museo, reproducciones de lugares íconos del planeta y actividades para recreación y cultura.
HISTORIA
El parque fue inaugurado el 27 de febrero de 1983, gracias a la iniciativa de Jaime Duque Grisales (1919-2007), un piloto de la aerolínea
Avianca que quiso crear un espacio recreativo para toda la familia.

EL FUNDADOR
Jaime Duque Grisales, que está próximo a cumplir 90 años y de quien se sabe poco más allá de lo que dice la biografía del folleto que venden en su parque ($500), nació en Villamaría, Caldas, en 1917. Estudió aviación en la Universidad de Purdue (Indiana), entre 1949 y 1950 inauguró y organizó las rutas nacionales de Avianca y "cruzó los mares utilizando la navegación astronómica" cuando no existían ayudas de radio. Hay una lista larga de logros que fácilmente lo ubicarían entre Charles Lindbergh y Amelia Erhard, y muchos testimonios de su generosidad. Duque se retiró de la aviación tras completar 11.000 horas de vuelo y juntó ahorros y préstamos para dedicarse al negocio de la construcción. Buena parte de las utilidades las dedicó a obras sociales que hoy se sostienen con el producido del parque. "Por designio de Dios", asegura la publicidad del lugar, "el fundador dedicó su vida y todo su capital al servicio de la comunidad, con un desprendimiento sin límites". Y lo confirma el propio Duque con la única frase memorable que se le conoce: "Si más vidas tuviese, más vidas consagraría al servicio de mis semejantes. ¡Hice lo que pude!". El Parque, que está repleto de adulaciones disimuladas a Duque, tiene una inocultable: un viejo (bello pero mal tenido) DC-4 con el que "el fundador" inauguró rutas internacionales a comienzos de los cincuentas (voló de Bogotá a Roma en 32 horas). Parado delante del DC-4, y con el impresionante fondo de la reproducción escala 1 a 1 del Taj Mahal en adobe, me pregunto: ¿y esta vaina para qué sirve? No el avión, que no sirve para nada más que decorar: el edificio, digo, ¿para qué sirve? El original, el de Agra, al norte de la India, es el recordatorio del amor de un hombre, el emperador musulmán Sha Vahan, por su esposa, Mumtaz Mahal, que murió cuando nacía su decimocuarto hijo. El verdadero conjuga las tradiciones del Islam, el mundo persa e indio y la arquitectura mogol y, como puede comprobarse en cualquier foto, es de una belleza única. Este, el que tengo en frente, con un área construida de 22 mil metros cuadrados, no pasa de ser una copia de utilería. Un hermano gemelo que, visto desde lejos promete lo que no cumple cuando se lo tiene a unos pasos: fotocopiaron el Taj Mahal cuando la máquina estaba baja de tóner. El Parque se inauguró en 1983 y para 1989 este Taj Mahal criollo abría sus puertas… es decir, las puertas de los dos primeros pisos, donde se exhiben muestras visuales del edificio de Agra y de las principales batallas de la Independencia colombiana (¡berraco salpicón!), así como una serie de viejos vehículos Ford que manejó Duque en alguna época. En unos días, desde cualquiera de los minaretes de la construcción, podrá el visitante observar la manera Jaime duque de recrear los Jardines Colgantes de Babilonia, que muy seguramente estarán más cercanos a la palabra vivero que a maravilla. A la inauguración podría venir el propio Jaime Duque, que tiene 90 años y, se entiende, unas condiciones de salud tan precarias como el estilo de su parque.

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